"Las virtudes, como los músculos, si no se ejercitan se atrofian"

lunes, 21 de mayo de 2012

Los 5 pasos para liderar a los demás




Hace 15 años, Jerry Wofford ,un compañero de trabajo con quien desarrollé una buena amistad, me hizo un regalo que marcó mi vida. No tanto por el objeto en si mismo, sino por el impacto que tuvo en mí. Hasta entonces me había preguntado en muchas ocasiones ¿por qué me apasiona tanto lo nuevo? ¿por qué me fascina el cambio y la transformación? Descubrí que el cambio es una danza permanente entre lo “viejo” y lo “nuevo”, que no hay lo segundo sin lo primero, y que por ello el primer paso para introducir lo “nuevo” es apreciar lo “viejo”. Además, no es una transición del blanco al negro, sino que siempre en lo “nuevo” sigue lo “viejo”, por lo menos desde la esencia que representa el orígen.
Aquel libro de Stephen Covey que me regaló Jerry, “The 7 Habits of Highly Effective People”, despertó en mi una nueva consciencia que me impulsó a seguir el camino de mi propio liderazgo personal. De alguna manera, comprendí que mi mayor contribución al cambio que soñaba para el mundo de las empresas, era cambiar en mi mismo todo paradigma o creencia que limitase o condicionase de forma consciente o inconsciente mi propio liderazgo.
El pasado sábado regresaba de Madrid en avión. Como siempre, el personal de vuelo nos hizo la demostración de las instrucciones en caso de emergencia. En su momento, dijeron aquello de “en caso de despresurización de la cabina, se abrirá un compartimento en la parte superior, y se desprenderá la máscara de oxígeno. Coloquesela Ud mismo antes de ayudar a otros”. Esta frase tan repetida y escuchada en todo vuelo, me evocó aquella primera lectura del libro de Covey y el camino que he recorrido desde entonces, que sigo recorriendo y que seguiré, pues es un camino que dura toda la vida.
Parece lógico cuando nos lo recuerdan en el avión, que si uno no está en condiciones de ayudar, ¿cómo va a poder ayudar a otros? Pero si trasladamos analógicamente la “ayuda” al “liderazgo”, no parece tan lógico, y probablemente aún menos practicado. Pues sí, para liderar a otros, primero hay que liderarse a uno mismo. ¿Cómo se puede liderar a los demás si uno no lidera su propia vida?
Como he dicho antes, el camino del liderazgo personal es uno que dura toda la vida. Un viaje que, cada vez con mayor consciencia, permite abordar cualquier situación y responder eligiendo nuestra respuesta, asumiendo la responsabilidad del impacto propio en los demás. A medida que vamos avanzando en este camino, vamos siendo más conscientes de los paradigmas y creencias que nos mueven y limitan, y podemos ir explorando nuevos paradigmas y creencias. Ello nos lleva a superar continuamente los nuevos límites que el viaje nos regala.
Por eso y para poder liderar a otros, el líder busca liderarse a si mismo, con la práctica de un proceso en cinco pasos:
  1. Auto-descubrimiento. Se trata de observar el impacto propio, nuestras reacciones, lo que molesta, lo que gusta, lo que atrae, lo que sentimos, lo que no. A través de la conversación con los demás, de todo tipo de herramientas de evaluación y de la observación, se van descubriendo aspectos desconocidos, lo que nos permite conocer más y más de nosotros mismos. Sobretodo, nos permite apreciar la diversidad que cada uno lleva dentro.
  2. Introspección. Una vez hemos llevado a cabo la observación y hemos descubierto algo nuevo en nosotros, podemos explorarlo para conocer si se trata de algo fundamentado en una reacción o en una respuesta. ¿Es algo que viene del corazón o algo que viene del ego?
  3. Aprendizaje. Cuando tras el paso anterior, nuestra respuesta es el deseo de cambiar algo en nosotros, entonces buscamos la mejor forma de incorporar lo “nuevo” que deseamos. Mediante formación, experiencias, prácticas, experimentos, coaching, y otros posibles medios, nos educamos en el nuevo comportamiento o habilidad.
  4. Liderarse a uno mismo. Después de estos primeros pasos, que por supuesto corresponden a un proceso iterativo, avanzamos en nuestra capacidad de liderar nuestra propia vida, nuestro pensamiento, nuestra acción y nuestra conversación. Así nuestro impacto en el entorno evoluciona y se amplifica, creando más y más valor para la organización y para el mundo.
  5. Liderar a los demás. Es en este momento, cuando podemos comenzar a pensar en “ponerle a los demás la máscara de oxígeno”. A partir de ahí, como dijo John Quincy Adams: “si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a convertirse en más, entonces eres un líder”.
Jerry me ayudó a descubrir que la libertad, desde el liderazgo personal, no es un destino sino un camino, y que en el mismo lo mejor que podemos hacer es cuestionar cualquier paradigma y creencia. Ello permite correr libre más allá de los límites, mientras se busca el siguiente límite
¡Gracias Jerry!